
Edad recomendada (+14)
pequeñas secuencias de vida
TEXTO ORIGINAL: Huerta de Regletas
Ilustración: Frederic Edwin Church
Puedes Escuchar el relato en nuestro podcast de iVoox y leerlo íntegro en este post.
Siglo XIX, alrededor de 4000 vascos abandonaron sus hogares atraídos por las nuevas posibilidades que ofertaba EE. UU.; comerciantes, soldados, buscadores de oro y en su gran mayoría agricultores, con poco o ningún conocimiento de inglés.
Muchos de ellos fueron contratados como pastores trashumantes, que durante la primavera y el verano se encargaban de llevar las ovejas hasta las montañas, y regresar a los campos antes del inicio del invierno para protegerse del frío.
En su travesía dejaron parte de sí mismos en forma de dibujos, símbolos y textos, tallados en bosques de álamos. Estas marcas, llamadas Lertxun-marrak (marcas de/en álamos), pueden encontrarse en las áreas donde era común el pastoreo, y en la actualidad están siendo recopiladas y documentadas, porque cuentan parte de la historia de las personas que, una vez, lo abandonaron todo para adentrarse en la soledad de un mundo, para el que no siempre estaban preparados.
Esta es la historia de Inaxio.
25 de junio de 1890
Kaixo Maitia;
Hace apenas unos meses que me fui y tengo la sensación de que no ha existido una vida anterior a esta. Sentir el aislamiento es inevitable, pero se está introduciendo tan profundamente en mí.
Mi llegada no tuvo problemas más allá de la barrera idiomática. Compartí trayecto con otros dos compañeros en mi misma situación y eso hizo que, nerviosos y esperanzados como estábamos, enseguida fuésemos inseparables. Deseaba tanto seguir en contacto con ellos, son el único nexo con mi gente que tengo lejos de casa y es imposible no sentirse paternal, son tan jóvenes e inocentes, que este trabajo ya de por sí duro, unido a su inexperiencia, temo que quiebre su frágil moral, pero nos destinaron a diferentes localizaciones.
Me suministraron un pequeño carruaje en el que llevar la comida y cubrirme de las inclemencias del tiempo, y me asignaron el ganado que debía guiar y proteger; y una vez al mes, en un día digno de celebración que espero con verdadera inquietud, el campero viene con suministros y noticias, si es que las hay, de vuestra parte.
Mi destino, Ruby Mountains, es grandioso. Tanto las llanuras como las zonas montañosas son inconmensurables. Acostumbrado al acogedor abrazo de los prados de mi tierra, tener ante mí estos inmensos campos, en los que parece que no existe más alma que la mía, hace que sienta un profundo vacío…
Y aún sintiendo tanta soledad, últimamente, cuando cae la noche y la oscuridad lo cubre todo, cuando la única luz que rompe el silencio es la llama de mi hoguera, y las estrellas tintinean tímidas, tengo la sensación de que alguien o algo me observa.
Al principio pensaba que había sido tan solo una sombra, un fallo en mi visión, un anhelo de no ser la única criatura con conciencia que caminaba por estas tierras, pero sé que lo sentí, porque el ganado también se alborotó, y moviéndose inquietos, se agruparon para protegerse balando atemorizados.
Conseguí calmarlos y que volvieran sosegados a dormir, y yo traté de autoconvencerme de que seguramente un puma o cualquier otro animal nos había estado siguiendo. Pero esta escena se repite habitualmente, y ya no encuentro forma de justificarlo.
Es posible que la soledad, que es tan absolutamente intensa aquí, y pesa sobre el cuerpo como una fría lápida de piedra, altere mis sentidos y me confunda.
A veces pienso que si tuviera que vivir este breve espacio de tiempo que me resta, aislado de todo contacto, preferiría perecer; tal vez es porque he conocido lo que es sentirse amado y amar a alguien, la felicidad, la alegría, el enfado e incluso la rabia, y que, si hubiese nacido aquí, solo y huérfano de sentimientos, no necesitaría todo eso, pero quizás tampoco sería humano.
Y pienso en ti.
Pienso tanto en el recuerdo que guardo de ti.
Que todas las imágenes que tenía atesoradas en mi mente se van diluyendo como si se fuesen desgastando con el roce de mis pensamientos, y te has transformado en una distorsión de ti misma, una sensación, un abrazo, unos labios besando mi frente.
Maite zaitut maitia (te quiero amor)
05 de agosto de 1890
Kaixo Maitia;
Tengo el corazón encogido, y parece que mis pensamientos se hubiesen enturbiado como el agua mansa de una charca al pisar el cieno de su fondo; ayer vino el campero con las provisiones y no podía imaginar, que la única cosa que me hace feliz en este infierno de silencio como es su visita, pudiera causarme tanto tormento. Pello, el más joven de mis compañeros de viaje, se ha quitado la vida; es el tercero este año que no puede soportar el aislamiento, la desolación, y en un delirio, enajenado, terminó con todo. Esta desgracia ha roto completamente la poca cordura que me quedaba, porque no puedo por más que entender sus razones e incluso temo que me parecen justificadas.
Me siento como si hubiese estado guardando la última lata de comida para el momento en que ya no pudiese soportar más el hambre, y al abrirla, descubrir con desesperación, que la lata está vacía.
Y continúo con la extraña sensación de que alguien o algo me acompaña. Si hubiese sido un animal, ya hubiera atacado al rebaño, he tenido que lidiar con varios depredadores con mejor o peor suerte, pero en esos momentos, no hay ataques, únicamente presencias que se mueven entre nosotros, que me hacen estremecer y que en ocasiones parecen atravesarme o poseerme. Y sé con certeza que es algo más antiguo que nosotros, primario, primigenio, que existe y habita en todo lo que me rodea, porque allí donde voy, siempre me encuentra.
No sé que parte de mí aún me pertenece.
Maite zaitut
10 de septiembre de 1890
Kaixo Maitia;
Ha llegado el momento de volver a las praderas para pasar el invierno y dejar las montañas atrás, y aunque en un principio pensé que esto me traería paz, me estoy dando cuenta con amargura, de que ya no existe esa posibilidad.
En la arboleda que me encuentro ahora, entre arroyos que fluyen claros y vegetación baja, los álamos me rodean poderosos envolviéndome por completo, y las presencias que aquí se esconden entre ellos, no dejan de acosarme.
Sus tímidos inicios fueron solo el comienzo del hostigamiento salvaje que siento ahora, y temo despertar un día y haberme convertido en algo que no soy yo. No sé si absorben mi energía, o la utilizan para existir. No sé si me poseerán o mi cuerpo será solo un residuo, pero no encuentro forma de enfrentarme a algo que se presenta ante mí como una sensación o un sentir, una presión en el pecho, como si algo de mi ser se escapara de mi cuerpo cuando me rozan.
Y me aterra desaparecer.
Me aterra tanto.
Cuando el campero llegó con las provisiones ese día, lo único que encontró de él fueron sus palabras derramadas como lágrimas, con desesperación y temor, sobre trozos de papel mojado.
Y en un álamo, un texto tallado como el último resquicio de su conciencia que permanecería con vida.
Beldur naiz maitia.
Badakit, bihar ez naizela ni izango.
Baina badakit ere.
Zu nire eguzkia eta nire ilargia zarela.
Zu nire lurra zara sustraiak.
Ni naiz ni, zugatik.
Eta zugan, ni beti izango naiz.
Maite zaitut.
Inaxio.
Tengo miedo amor.
Sé que mañana no seré yo.
Pero también sé
que tú eres mi sol y mi luna
eres mi tierra, mis raíces.
Yo soy yo, por ti
y en ti, siempre existiré.
Te amo.
Inaxio.
¿Qué somos, además de la carne y los huesos que alimentan la tierra? A veces, solo un mensaje tallado en un árbol.
NOTA A PIE DE PÁGINA: ¿Y de todo esto qué es cierto?
Es cierta la inmigración de vascos a EE. UU., el pastoreo trashumante, las marcas en los álamos, su estudio y documentación; son ciertos los suicidios, la dureza del trabajo, la soledad absoluta, la ausencia.
Y es cierto que una joven, hija de uno de aquellos pastores que murió siendo ella niña, ayudaba en la recopilación de estas marcas cuando localizó, sin saber que existía, una que pertenecía a su padre y que realizó años atrás en la soledad de la tierra. Un recuerdo vivo de un destierro. Un hallazgo como un regalo del lugar que fue su hogar y su tumba, y que será mientras el árbol siga en pie, inmortal.
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